“Señor de la Bici”: ¿Político o ciclista?

    Una de las conclusiones extraídas de la recién inaugurada Mesa Nacional de la Bicicleta es que se tiene que empezar a buscar en nuestro país un “Señor de la Bici”.

   Señor de la Bici

   Resulta que para las instituciones, la bicicleta es tan complicada que abarca varias áreas: Urbanismo, Salud, Deporte, Interior, Cultura…. Vamos, que no saben muy bien dónde encajar al  ciudadano ciclista dentro del gobierno.

 

    Una de las conclusiones extraídas de la recién inaugurada Mesa Nacional de la Bicicleta es que se tiene que empezar a buscar en nuestro país un “Señor de la Bici”.

   Señor de la Bici

   Resulta que para las instituciones, la bicicleta es tan complicada que abarca varias áreas: Urbanismo, Salud, Deporte, Interior, Cultura…. Vamos, que no saben muy bien dónde encajar al  ciudadano ciclista dentro del gobierno.

  Para “facilitar” las gestiones que un aficionado a las bicicletas o un colectivo ciclista pueda necesitar hacer y en pro de que le resulte más sencillo, se propone crear “El Señor de la Bici”: figura política y pública (que ya existe en países como Francia y Holanda) que hará las veces de imagen gubernamental ante los colectivos e individuos ciclistas.

    Esto se ha recibido como una buena noticia en el inocente mundo de los pedales y puede resultar que “El Señor de la bici” sea finalmente un muro infranqueable que ejerza de separador entre bicis y poderes; una forma de impermeabilizar las instituciones y hacerlas aún más lejanas a nuestro colectivo. Un cargo público más, (rodeado de consejeros) impidiendo el paso a estos “nuevos” ciudadanos con coulote y gomas en la pernera del pantalón.

    Bueno. Al fin y al cabo es sólo una sospecha. Ojala.

   De cualquier modo, empieza a ser necesario que se aglutine institucionalmente todo lo que nos incumbe a los ciclistas que, dicho sea de paso, a veces somos ciclistas, a veces somos conductores, a veces somos peatones, etc. Somos las mismas personas, pero en situaciones diferentes.

    Igual es ahí donde está el quid de la cuestión: los ciudadanos no somos personas diferentes agrupadas en comunes situaciones, sino que somos todos iguales siempre; son las situaciones las que van cambiándonos. 

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