Los tres segundos de diferencia

Hay muchas ocasiones en las que nada más pasar un semáforo en verde, este se pone en ámbar y después en rojo, pero nosotros, con la bici, aún no hemos cruzado del todo. Estamos en mitad de la intersección y los vehículos que vienen cargados de prisa por los lados, se echan encima enseguida pillándonos a “medio pasar”.

Los tres segundos que tarda un semáforo en cambiar de color no son suficientes. Pedaleando la vida no sólo es más barata y saludable, es también un pelín más pausada y precisa de 3 segundos más para atravesar un cruce.

Esos tres segundos lo definen todo. Definen cómo las señales de tráfico y las normas de circulación están redactadas y pensadas sólo para los vehículos a motor de combustión, ni siquiera motor eléctrico.

De este modo, hay infinidad de “ceda el paso” en los que los ciclistas debemos parar por completo, porque la visibilidad desde el sillín es igual o menor a cero.

Por el contrario, hay señales de stop que al ciclista suponen una parada absolutamente innecesaria.

Coche y bici

Cumplir las normas establecidas está en el número uno de nuestra lista de prioridades, pero en el número dos, inmediatamente después, debemos esforzarnos por cambiar esas normas para que se nos incluya de una forma explícita y valiente.

Probablemente por temor a legislar de una vez por todas, todas las novedades que incluirá la normativa de la DGT en cuanto a la bici, no hacen nada más que retrasar lo inevitable: la bici es un transporte más que, quien lo utiliza, no piensa dejar de hacerlo.

Imagina que mañana se decide que, de cada tres carriles, uno es para las bicicletas. Los miembros del Comité Olímpico nos darían sin pensar la sede para el Madrid 2020.

Lo único que hace falta es agallas. Y tres segundos más para redactar.

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